Fotografía: Stefan Rohner
Noviembre 2005
Muy en el fondo,sentía esa especie de vaivén, aquel sentimiento que tambalea sin saber a donde ir. El otoño se hizo intenso, y esa vez quedé ciega de ojas secas. El viento frío acariciaba nuestros rostros y revoloteaba las ramas de los arboles. Nos había tocado sin duda una buena estación. La estación mas tranquila, la mas pacifica. Se podía caminar por las fuentes del parque saboreando el arbol de canela, aquel arbol donde los niños se trepaban a jugar sus mil soldaditos.
Tu y yo solíamos pasar siempre por ahí,teníamos esa costumbre de arrancar siempre una varita y chuparla mientras caminabamos. Tu siempre hablablas y hablabas sin parar mientras me dislumbrabas con tus tecnicismos. Yo amaba tu sonrisa que se abría a la par. Miraba tus ojos, aquellos ojos tristes que me hacían pensar que las mariposas no solo se podían sentir en el estomago.
Tu y yo solíamos pasar siempre por ahí,teníamos esa costumbre de arrancar siempre una varita y chuparla mientras caminabamos. Tu siempre hablablas y hablabas sin parar mientras me dislumbrabas con tus tecnicismos. Yo amaba tu sonrisa que se abría a la par. Miraba tus ojos, aquellos ojos tristes que me hacían pensar que las mariposas no solo se podían sentir en el estomago.
-Amo tu inocencia- Decías cuando me veías tan pequeña a tu lado y a tus años-Y amo toda tu ternura- Me decías cuando necesitabas un beso. Sí, es verdad. Amabas esas cosas de mí y me amabas porque no habías encontrado a nadie que fuera tan ingenua...

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ReplyDeleteEfectivamente, uno a veces es demaciado ingenua como para darse cuenta que lo mas lindo y maravilloso de la vida es solo un espejismo...
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